Volver a casa en un contexto de incertidumbre global no fue tarea sencilla. Lo que empezó como un plan de viaje terminó convirtiéndose en una logística de contrarreloj para recorrer 10.000 kilómetros en apenas 48 horas, atravesando cuatro ciudades y tres vuelos antes de que las fronteras se cerraran por completo. En este post, les comparto cómo fue el proceso, los traslados y los desafíos de moverme en un escenario donde todo cambiaba minuto a minuto.
Pueden ver el video de toda esta experiencia aquí:
https://www.youtube.com/watch?v=K-EyfnzUjL8
El punto de partida: Querétaro, México
Mi odisea comenzó en Querétaro. La situación era tensa: había hablado con la embajada, pero la respuesta inicial era que no había vuelos de repatriación programados porque México no estaba catalogado como país de riesgo. La incertidumbre de quedarme varado me obligó a buscar alternativas por mi cuenta. Tras mucho investigar y con la ayuda de amigos y mi hermano, logré conseguir un pasaje que me permitía salir de México. Fue un alivio, especialmente después de lidiar con aerolíneas que no facilitaban el uso de créditos por vuelos cancelados.
La logística del regreso: del colectivo al aeropuerto
El plan de viaje era exigente. El primer tramo consistió en un traslado en colectivo desde Querétaro hacia el Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México (AICM). El trayecto duró aproximadamente 3 horas y 10 minutos. Mi prioridad absoluta era evitar cualquier contacto innecesario, por lo que decidí no alojarme en un hostel en el centro del DF y dirigirme directamente al aeropuerto para minimizar riesgos.
Precios y gastos en el aeropuerto
Una vez en la terminal 2 del aeropuerto, la realidad de la falta de insumos era evidente. En los comercios fuera del aeropuerto no había ni alcohol en gel ni barbijos. Sin embargo, dentro de la terminal pude comprar:
- Alcohol en gel: 30 pesos mexicanos (aproximadamente 1,50 USD).
- Comida (hot dog): 30 pesos mexicanos (1,50 USD).
- Bebida: 1 USD.
Es importante destacar que, en momentos de alta demanda y crisis, los servicios en los aeropuertos suelen ser costosos. En el caso del Aeropuerto de Tocumen en Panamá, donde hice escala, los precios se manejan en dólares estadounidenses (o balboas, que tienen paridad 1:1), y la oferta es limitada si no se cuenta con presupuesto extra.
El cruce de fronteras y la llegada a Argentina
El vuelo hacia Buenos Aires fue el tramo más largo. Al llegar a Ezeiza, el control fue sencillo: se entregó una declaración jurada y se realizó un control de temperatura. Me llamó la atención que, en comparación con otros aeropuertos, el protocolo en ese momento fue bastante básico.
El desafío final fue el tramo interno hacia Río Gallegos. En Aeroparque, la situación era distinta: había mayor seguridad y control policial en la entrada, donde solicitaban el número de vuelo o el pase de abordaje para permitir el ingreso a la terminal. Mi vuelo, que originalmente debía salir a las 22:00, sufrió un retraso importante y terminó despegando a las 03:00 de la mañana, llegando a destino recién a las 06:00.
Reflexiones sobre el proceso
Lograr volver a casa implicó una gestión constante de la ansiedad y la logística. Es fundamental, ante cualquier imprevisto de viaje, mantener el contacto con personas que puedan ayudar a gestionar pasajes alternativos cuando las vías oficiales se saturan. La declaración jurada y el cumplimiento estricto de las medidas sanitarias —como la cuarentena obligatoria de 14 días al llegar— fueron pasos inevitables pero necesarios para cuidar a los demás.
Más videos de esta serie
Si quieren conocer más sobre los antecedentes de este viaje y cómo se gestó esta situación, pueden ver los videos previos en la siguiente lista de reproducción:
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