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Relax en El Calafate: mi experiencia en el Hotel Posada Los Álamos

5 min de lecturaAdrian Barabino

Cuando pensamos en El Calafate, lo primero que se nos viene a la mente es el Glaciar Perito Moreno y las excursiones de trekking. Sin embargo, en este viaje quise experimentar una faceta distinta del destino: la del descanso absoluto y el confort. Me alojé durante tres noches en la Posada Los Álamos, uno de los hoteles más emblemáticos y tradicionales de la ciudad, y hoy les cuento cómo es la experiencia completa.

Mirá el video completo de mi estadía en la Posada Los Álamos acá.

Un clásico de la hotelería patagónica

La Posada Los Álamos no es solo un hotel, es un complejo enorme que se destaca por su arquitectura tradicional, muy propia de la Patagonia. Lo que más me sorprendió es su ubicación estratégica: está a solo 200 metros de la Avenida del Libertador, la calle principal de El Calafate, lo que te permite estar cerca de todo pero con la tranquilidad necesaria para descansar. El hotel está compuesto por varios edificios que integran habitaciones, restaurantes, spa y hasta un campo de golf propio.

El desayuno: un ritual de campo

Uno de los puntos más altos del hotel es su desayuno buffet. Se sirve en el restaurante La Posta y tiene un horario súper flexible (de 6:00 a 11:00 AM), lo cual es un golazo para quienes tienen excursiones programadas temprano o para los que simplemente prefieren levantarse sin presiones.

El buffet es muy completo y tiene ese toque de “desayuno de campo” que tanto se disfruta en el sur:

  • Opciones frías: Variedad de frutas, yogures, cereales, semillas, fiambres y ensaladas.
  • Panadería: Facturas, budines, galletitas con salvado y las infaltables tortas fritas.
  • Dulces regionales: Pastafrolas de membrillo y batata.
  • Opciones calientes: Huevos revueltos, salchichas y bifecitos hechos en el momento en la plancha.
  • Estación de mate: Un detalle excelente es que tienen todo listo para que te prepares tu propio mate, con pava y yerba disponible.

Habitaciones y confort

Durante mi estadía, pude probar dos tipos de habitaciones. La propuesta general del hotel es rústica pero elegante, con mucha madera y una iluminación cálida que te hace sentir en casa desde el primer momento. Las habitaciones cuentan con frigobar, televisión, zona de estar con sillones cómodos, pava eléctrica para el té y enchufes bien ubicados en ambos lados de la cama.

Más tarde, tuve la oportunidad de hacer un upgrade a una Junior Suite. Esta categoría es notablemente más amplia y suma detalles de lujo como una cafetera de cápsulas y, el diferencial principal, un baño con jacuzzi privado, sales de baño y un set completo de amenities (set dental, de afeitar y emulsiones corporales).

El Spa y el Humus Cocktail Bar

Si buscás desconectar, el edificio donde se encuentra el Humus Cocktail Bar es tu lugar. Es un espacio multifuncional que alberga el gimnasio y, sobre todo, un spa muy completo. Después de un día de caminata, no hay nada mejor que pasar unas horas ahí: tenés pileta climatizada, sauna seco, sauna húmedo y una sala de hidromasajes.

Un detalle que me encantó es que podés pedir tragos (como un mojito o un daiquiri) directamente desde el spa, lo cual hace que la experiencia de relax sea total. Además, el complejo cuenta con una boutique donde podés encontrar tejidos regionales, mates y artesanías locales, ideal si querés llevarte un recuerdo sin tener que recorrer toda la ciudad.

La Cava de la familia Guatti

No te podés ir sin conocer la cava. Es un espacio subterráneo que parece sacado de un castillo antiguo. Allí se guardan etiquetas de vinos patagónicos y mendocinos, incluyendo una selección privada de la familia Guatti (fundadores del complejo). Es un rincón muy especial, ideal para los amantes del buen vino.

Tips y consideraciones para tu viaje

  • El agua: En El Calafate el agua del grifo es potable y de excelente calidad, así que no hace falta comprar botellas constantemente.
  • Clima cambiante: Incluso en verano, la Patagonia puede sorprenderte. Pasé días con alertas de viento y temperaturas bajo cero. Siempre llevá abrigo aunque el pronóstico diga lo contrario.
  • Logística: El proceso de check-in es muy profesional. Al llegar, el personal te ayuda con las valijas desde el transfer hasta la habitación, lo que facilita mucho el movimiento en un predio tan grande.
  • Flexibilidad: Aprovechá que el hotel tiene varios edificios y servicios. Si querés un día de “hotel”, tenés todo lo necesario para no salir: restaurante, bar, spa y espacios verdes.

En resumen, elegir un hotel con estas prestaciones en El Calafate cambia completamente la dinámica del viaje. Te permite equilibrar la intensidad de las excursiones con momentos de calma, buena gastronomía y comodidades que terminan haciendo la diferencia en tu experiencia patagónica.

¿Conocías esta faceta más tranquila de El Calafate? Si tenés pensado viajar pronto, te recomiendo considerar este tipo de estancias para disfrutar el destino a otro ritmo.

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