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La apertura de bares en Río Gallegos: cómo fue la transición en pandemia

3 min de lecturaAdrian Barabino

En junio de 2020, tras 76 días de cuarentena, la ciudad de Río Gallegos comenzó un proceso de flexibilización gradual. Con un escenario epidemiológico controlado, que contaba con un solo caso activo en aquel momento, los comercios gastronómicos empezaron a reabrir sus puertas bajo estrictas normativas.

Mirá el video completo de la reapertura en este enlace.

La nueva normalidad en las cervecerías

Visitar una cervecería en ese contexto era una experiencia distinta a la que estábamos acostumbrados. Los locales tuvieron que adaptarse a una capacidad reducida, trabajando a menos del 50% de su ocupación habitual. La distribución de las mesas se modificó para garantizar el distanciamiento social, y el ingreso se volvió más controlado.

Uno de los puntos más relevantes fue la implementación de reservas obligatorias. Al ser espacios con aforos limitados, los dueños de los locales comenzaron a asignar números de mesa específicos para cada cliente, evitando así que los comensales deambularan por el establecimiento. Este sistema permitía un mejor control del flujo de personas y facilitaba el cumplimiento de las normas municipales.

Protocolos de seguridad implementados

Al ingresar a los locales, el proceso de registro era riguroso. Los clientes debían dejar sus datos personales:

  • Nombre completo.
  • Número de DNI.
  • Dirección de contacto.
  • Número de teléfono.

Esta medida tenía un fin sanitario claro: ante cualquier caso positivo detectado, las autoridades podían trazar rápidamente con quiénes había tenido contacto el paciente y en qué mesa específica se había ubicado. Además, el personal de servicio trabajaba permanentemente con barbijos y guantes, reforzando las medidas de higiene en cada sector del bar.

Precios y logística de funcionamiento

A pesar de la reducción en la capacidad y los costos operativos que esto implicaba para los dueños de los bares, los precios de la cerveza se mantuvieron relativamente estables. En aquel momento, una pinta costaba aproximadamente 200 pesos, un incremento menor si se comparaba con los 180 pesos que costaba unos meses atrás.

El horario de atención también sufrió modificaciones significativas, limitándose a una ventana reducida de 18:00 a 20:00 horas. Esta restricción horaria obligaba a una planificación más precisa por parte de los clientes para poder disfrutar del servicio dentro del marco legal permitido.

Más videos de esta serie

Si te interesa ver cómo fue el desarrollo de este periodo, podés revisar las siguientes listas de reproducción:

Fue una etapa particular, donde la posibilidad de volver a compartir un espacio público se convirtió en un símbolo de la transición hacia una nueva normalidad en el extremo sur del país.

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